En Cartagena, la transformación se siente cada vez con más fuerza. La ciudad, reconocida por sus murallas, sus balcones, el Caribe y su patrimonio, suma ahora un nuevo argumento para consolidar su perfil como destino gastronómico internacional: Restaurante 1621, ubicado en el histórico Sofitel Legend Santa Clara Cartagena, vuelve a ser reconocido por Wine Spectator.
El restaurante recibió nuevamente el 2026 Award of Excellence, distinción internacional que reconoce la calidad de los programas de vinos de restaurantes alrededor del mundo.
No es solamente un premio para una carta de vinos. Es también un reconocimiento a una manera de entender la experiencia gastronómica.
En 1621, el vino no aparece al final de la historia. Forma parte de ella.
El restaurante ocupa el antiguo comedor de las Hermanas Clarisas del convento que hoy alberga al Sofitel Legend Santa Clara, en pleno Centro Histórico de Cartagena. Un escenario donde las piedras, los arcos y los siglos de historia conviven con una propuesta contemporánea de alta cocina.
El nombre tampoco es casual. 1621 hace referencia al año en que fue fundado el convento.
Desde allí comienza una experiencia que busca conectar al visitante con Cartagena y con Colombia a través de la mesa. La propuesta actual, liderada por el chef francés Dominique Oudin, combina técnicas de alta cocina francesa con ingredientes colombianos y se desarrolla a través de menús degustación de seis y diez tiempos, además de algunas opciones especialmente exclusivas.
Pero hay otro protagonista silencioso.
El vino.
Wine Spectator distingue con sus Restaurant Awards a establecimientos de diferentes partes del mundo que sobresalen por sus programas de vinos. En el caso de 1621, el Award of Excellence 2026 reconoce el trabajo desarrollado alrededor de su carta y de una experiencia de maridaje que hace parte integral de la propuesta gastronómica.

La continuidad de este reconocimiento habla de un trabajo que va mucho más allá de reunir buenas etiquetas.
La selección busca acompañar la cocina. Encontrar el vino adecuado para cada preparación. Generar contrastes, descubrir sabores y convertir cada copa en parte del recorrido gastronómico.
Y eso tiene una lectura especial cuando ocurre en Cartagena.
La gastronomía se ha convertido en uno de los componentes más importantes de la experiencia turística. El viajero contemporáneo ya no quiere solamente fotografiar una ciudad. También quiere probarla, entenderla y llevarse algo de ella en la memoria.
Un plato puede contar una historia.
Un ingrediente puede hablar de un territorio.
Y un maridaje puede cambiar la manera de descubrir una cocina.
“Recibir nuevamente el Award of Excellence de Wine Spectator nos confirma que el trabajo alrededor del vino debe entenderse como parte fundamental de la experiencia gastronómica. En 1621 buscamos que cada botella, cada maridaje y cada servicio tengan un propósito y dialoguen con nuestra cocina, con nuestros productos colombianos y con la historia de este lugar. Este reconocimiento es también un reconocimiento al equipo que trabaja todos los días para mantener ese nivel de exigencia”, afirma Juan Pablo Estrada, director de Alimentos y Bebidas del hotel.
El reconocimiento también contribuye a ampliar la conversación sobre Cartagena como destino gastronómico. Una ciudad que durante décadas ha sido asociada principalmente con el patrimonio, el Caribe y el turismo de sol y playa, pero que hoy suma restaurantes, chefs, cocineros locales, productos del territorio y experiencias de alta cocina capaces de atraer la atención internacional.
En ese escenario, 1621 ocupa un lugar particular.
No necesita desprenderse de la historia para hablar de gastronomía contemporánea. Todo lo contrario. La utiliza como parte esencial de la experiencia.
Un antiguo convento del siglo XVII. Ingredientes colombianos. Técnicas francesas. Una carta de vinos reconocida internacionalmente.
Todo ocurre alrededor de una misma mesa.
Y quizá allí está una de las claves del nuevo momento gastronómico de Cartagena: la ciudad no solo invita a ser recorrida; también empieza a ser descubierta con los sentidos, plato a plato, copa a copa.
El premio cambia de año, pero la apuesta permanece. En 1621, la historia, la gastronomía y el vino siguen encontrándose en un mismo lugar.
Y Cartagena, poco a poco, consigue que esa experiencia también sea parte de las razones para volver.
Por: Carlos Amaya – Periodista de Viajes



































