El aire de octubre trae consigo un rumor distinto. En cada rincón del Caribe y Latinoamérica, el viento parece murmurar historias antiguas, mientras las ciudades se cubren con luces anaranjadas y sombras juguetonas. Es la temporada donde la imaginación despierta, donde los viajeros cambian sus maletas por disfraces y el turismo se disfraza de magia.
Allí, en medio del encanto y el misterio, los hoteles de Marriott International han decidido abrir las puertas a un universo donde la hospitalidad se mezcla con la fantasía. No son simples hospedajes: este mes, cada propiedad se transforma en un escenario encantado donde los cócteles burbujean como pociones y las risas suenan como conjuros bajo la luna.
Costa Rica: un hechizo bajo el cielo tico
La primera parada de esta travesía mágica comienza en San José, donde el Residence Inn prepara su propio ritual lunar. El 25 de octubre, la noche se enciende con el Moon Market, un mercado hechizado con aromas de parrilla, música en vivo y sonrisas familiares. Los niños corren entre luces y calabazas, mientras los adultos se pierden en el dulce conjuro de una mesa de postres que parece salida de un cuento.
Pero el encanto no termina ahí. El 31 de octubre, personajes terroríficos se apoderan del lugar, y los disfraces se convierten en pasaportes a la diversión. Luego, los días 1 y 2 de noviembre, el hotel honra el Día de Muertos con su Family Escape: talleres de galletas, ofrendas, inflables y una lluvia de dulces. En cada detalle, una promesa: que las tradiciones no solo se celebran, sino que se viven con el corazón.
Escazú: donde la elegancia se encuentra con la magia
A unos kilómetros, en el AC Hotel San José Escazú, la noche del 31 de octubre se viste de sofisticación y misterio. En la terraza SOLAZ, el evento Noche Salem convoca a brujas modernas, espíritus curiosos y viajeros con alma nocturna. Allí, los cócteles chispean como elixires y la música flota en el aire con un ritmo que hipnotiza. No es solo una fiesta, es un encuentro entre el diseño contemporáneo y el hechizo eterno de Halloween.
Hacienda Belén: sabores que despiertan encantos
En el Costa Rica Marriott Hacienda Belén, el embrujo se sirve en la mesa. Durante todo octubre, el restaurante La Castilla ofrece su creación más traviesa: el Spooky Roll, un festín de sushi, sopa de miso, gyozas y un cóctel espeluznante que seduce hasta al paladar más escéptico.
Y como todo buen hechizo tiene su clímax, el restaurante Hacienda Kitchen celebra el 26 y el 31 de octubre con almuerzos y cenas donde el buffet, la música y los concursos de disfraces se mezclan en una sinfonía de alegría. Cada rincón del hotel parece guiñar un ojo, invitando a disfrutar sin prisas, como si el tiempo también se hubiera disfrazado.
Los Sueños: una fiesta frente al mar
Más allá, en la costa del Pacífico, el Los Sueños Marriott Ocean & Golf Resort prepara una noche digna de cuento: la Halloween Custom Party. Frente al mar, entre el vaivén de las olas y las luces del atardecer, los viajeros se reúnen con sus mejores atuendos. La brisa trae risas, el buffet huele a celebración y los recuerdos se graban en la memoria con el sonido lejano del mar como banda sonora.
Panamá: el brunch más encantador del istmo
La última parada nos lleva a la elegante Ciudad de Panamá, donde The Santa Maria, a Luxury Collection Hotel, transforma el brunch en una experiencia mágica. El 26 de octubre, el restaurante Mestizo recibe a sus invitados con música en vivo, concursos de disfraces para los pequeños y un hechizo irresistible para los adultos: mimosas ilimitadas. Entre brindis y risas, el día se llena de colores, sabores y momentos que saben a eternidad.
El turismo también sabe celebrar
Así, entre luces, cócteles y calabazas, los hoteles de Marriott nos recuerdan que viajar no solo es desplazarse, sino celebrar. Que los destinos también pueden contar historias y que cada experiencia, por pequeña que sea, guarda un toque de magia.
Porque en octubre, la hospitalidad se disfraza de alegría. Y los viajeros —ya sean brujas, piratas o soñadores— descubren que los mejores recuerdos no se planean: simplemente suceden, bajo una luna llena, entre calabazas y sonrisas.
Por: Carlos Amaya – Periodista de Viajes



































