Hay hoteles que ofrecen una habitación. Otros ofrecen una ubicación privilegiada. Algunos destacan por su diseño o por su gastronomía. Pero existen unos pocos que logran algo mucho más difícil: convertirse en una extensión del destino que representan.
Eso es precisamente lo que ocurre con HAB Hotel, un refugio urbano escondido entre las calles vibrantes de Chapinero, donde Bogotá deja de ser una ciudad para convertirse en una experiencia.
La primera impresión no llega al cruzar la puerta azul. Comienza mucho antes. Empieza cuando el viajero descubre que este hotel boutique no intenta parecerse a ningún otro. Mientras muchas propiedades buscan replicar fórmulas internacionales, HAB decidió construir una identidad profundamente bogotana.
Su nombre encierra una declaración de principios: HAB – Hotel Anfitrión Bogotá.
Y esa no es una frase de mercadeo.
Es una filosofía.
Porque HAB nació con la intención de mostrar una ciudad distinta. Una Bogotá auténtica, creativa, cultural y sorprendente. Una Bogotá que vive en sus cafés de especialidad, en sus galerías independientes, en sus restaurantes de autor y en los barrios que han convertido a Chapinero en uno de los sectores más dinámicos de América Latina.

Ubicado en un conjunto de casas tradicionales cuidadosamente restauradas, el hotel conserva el alma arquitectónica del barrio mientras incorpora una propuesta contemporánea donde el diseño, el arte y la hospitalidad dialogan constantemente.
Cada espacio parece haber sido concebido para invitar a quedarse un poco más.
Los jardines interiores, las terrazas, las áreas comunes, los corredores llenos de detalles y las habitaciones crean una sensación poco habitual en las grandes ciudades: la de encontrar un refugio en medio del movimiento urbano.
Pero quizás la verdadera esencia de HAB no está en sus espacios físicos.
Está en cómo hace sentir a quienes cruzan su emblemática puerta azul.
Un hotel que quiere que el viajero se sienta en casa

Para May Eljach Libos, gerente Front de HAB, el principal diferencial del hotel no está únicamente en sus instalaciones.
Está en la emoción que genera.
«Lo más importante que tenemos como HAB es que, así como nuestro nombre Hotel Anfitrión Bogotá, se siente como un hogar. Quedarse aquí se siente como quedarse en casa», explica.
Esa filosofía se percibe en cada detalle.
Las habitaciones, todas diferentes entre sí, han sido diseñadas para ofrecer una experiencia personalizada y acogedora.
«Cada una es tan acogedora que provoca no solo quedarse una o dos noches, sino casi que quedarse a vivir», afirma entre risas.
La experiencia incluye room service para todas las habitaciones, opciones de masajes, amenities cuidadosamente seleccionados y uno de los productos más queridos por huéspedes y visitantes: el brunch de HAB, convertido con el tiempo en una de las insignias de la casa.
Pero el hotel busca ir mucho más allá de una buena noche de descanso.
Su misión es convertirse en ese anfitrión que ayuda al visitante a descubrir la verdadera esencia de Bogotá.
Más que un restaurante, un punto de encuentro
Una de las apuestas más ambiciosas de HAB está en su propuesta gastronómica.
Lejos de concebir el restaurante únicamente para huéspedes, el hotel busca convertirse en un espacio abierto para toda la ciudad.
Por eso existe HAB Café, un lugar que comparte la misma puerta azul del hotel, pero que abre sus espacios a cualquier bogotano o viajero que quiera disfrutar una experiencia gastronómica diferente.
«El HAB Café es para todos los que quieran venir en Bogotá, mientras que el hotel está pensado para nuestros huéspedes», explica May.
La visión es clara: derribar la barrera que históricamente ha separado a los hoteles de la comunidad local.
Aquí los bogotanos no son visitantes.
Son parte de la experiencia.
Y eso ha permitido que HAB construya algo que pocos hoteles logran: una relación genuina con el barrio que lo rodea.
Ahora, el restaurante vive una transformación que busca reforzar aún más su identidad.
La nueva carta, prevista para finales de junio, gira alrededor del concepto de Comfort Food, esa cocina que reconforta, que despierta recuerdos y que logra que una comida se convierta en una experiencia emocional.
«Queremos que sea una carta donde uno quiera venir a comerse algo delicioso que se comería en su casa, pero además algo que probablemente no encontraría en su casa», explica May.
La propuesta también recupera la filosofía Farm to Table, apostando por ingredientes frescos, orgánicos y provenientes de pequeños productores.
«Queremos volver a ser ese lugar donde lo que te estás comiendo sabes que es orgánico, viene de pequeños productores y no está lleno de químicos ni conservantes», señala.
Dentro de esta nueva narrativa gastronómica emerge un protagonista absoluto: el cordero.
«Uno de nuestros platos insignia es el cordero», dice May con orgullo.
Y basta recorrer la nueva propuesta culinaria para entenderlo.
Hamburguesa de cordero, canilla de cordero, ragú de cordero servido sobre pasta artesanal y una espectacular paletilla de cordero forman parte de una experiencia diseñada para quienes buscan sabores auténticos y memorables.
La paletilla de cordero, llamada a convertirse en una de las estrellas de la nueva carta, representa perfectamente la filosofía gastronómica de HAB Café: cocción paciente, respeto por el producto y una cocina que privilegia el sabor por encima de cualquier tendencia pasajera.
Más que un plato, es una invitación a sentarse sin afán, compartir y disfrutar.
Pero HAB Café va mucho más allá de la comida.
Es un lugar para comenzar el día con un brunch. Para sentarse en la terraza con una taza de café mientras la ciudad transcurre lentamente. Para reunirse con amigos, trabajar durante una tarde o descubrir una propuesta culinaria diferente en medio de Chapinero.
El desafío de convertirse en un referente de Bogotá

Bogotá vive uno de los momentos más interesantes de su historia turística.
La ciudad se ha consolidado como puerta de entrada a Colombia, destino gastronómico emergente y centro cultural de alcance internacional.
Sin embargo, todavía enfrenta el reto de mostrarse al mundo más allá de los estereotipos.
HAB entiende perfectamente esa misión.
Por eso cada huésped representa una oportunidad para contar una nueva historia sobre la capital colombiana.
No desde los folletos.
No desde los discursos institucionales.
Sino desde la experiencia cotidiana.
Desde una conversación en la recepción.
Desde una recomendación para descubrir un café escondido.
Desde una caminata por Chapinero.
Desde una cena compartida.
Desde la sensación de sentirse bienvenido.
Un hotel que refleja el alma de Bogotá
Cuando se le pregunta a May qué es lo más importante que ofrece HAB, su respuesta no gira alrededor de las habitaciones, ni del restaurante, ni siquiera de los servicios.
«La experiencia», responde sin dudar.
Y quizás ahí está la clave.
Porque HAB Hotel no intenta ser el hotel más grande de la ciudad.
Tampoco el más lujoso.
Su aspiración parece mucho más compleja.
Quiere ser el hotel que mejor represente el espíritu de Bogotá.
Un lugar donde la hospitalidad se construye desde la cercanía, donde el diseño dialoga con la historia, donde el arte convive con la gastronomía y donde cada huésped descubre que detrás de la inmensidad de la capital existe una ciudad profundamente humana.
Una ciudad que recibe.
Una ciudad que abraza.
Una ciudad que, gracias a lugares como HAB, aprende cada día a ser una mejor anfitriona.
Porque al final, más que ofrecer una estancia, HAB ofrece algo mucho más valioso:
La sensación de llegar a casa, incluso estando lejos de ella.
Por: Carlos Amaya – Periodista de Viajes


































