Costa Rica no se explica con un mapa ni se resume en una postal. Se entiende cuando el aire huele a selva húmeda al amanecer, cuando el café se sirve caliente frente a una montaña verde infinita y cuando el tiempo, de pronto, deja de correr con prisa. Para el viajero colombiano, ese primer contacto suele ser revelador: aquí el viaje no es una pausa, es una transformación.
El país de la Pura Vida se ha convertido en uno de los destinos más afines para los colombianos que buscan algo más que descanso. “El colombiano que está visitando Costa Rica actualmente es un turista que le gusta el contacto con la naturaleza, que busca experiencias auténticas y sostenibles”, afirma Heilyn James, encargada de promoción y mercadeo para México y Latinoamérica del Instituto Costarricense de Turismo (ICT). Un viajero informado, curioso y consciente, que valora el bienestar, la aventura, la cultura local y, sobre todo, el respeto por el medio ambiente.

Las cifras confirman esta conexión natural. Entre enero y octubre, más de 27.000 turistas colombianos llegaron a Costa Rica, lo que representa un crecimiento del 10,6 % frente al mismo periodo del año anterior. Octubre, en particular, registró un incremento cercano al 19,8 % en comparación con el mes previo. Datos que reflejan una tendencia clara: Costa Rica no es una moda pasajera, es un destino elegido con intención.
Un país diseñado para vivirlo despacio
Costa Rica es un referente mundial en sostenibilidad y no por casualidad. Más del 25 % de su territorio nacional está protegido, lo que permite al visitante convivir con parques nacionales, reservas naturales, volcanes activos, bosques nubosos y playas vírgenes en un mismo viaje. Esta riqueza natural se traduce en experiencias al aire libre que hoy lideran las preferencias del viajero colombiano: senderismo, canopy, surf, avistamiento de fauna, termales y actividades de bienestar en entornos naturales.
“Vemos que el colombiano disfruta muchísimo de las actividades al aire libre, del turismo de bienestar y de los viajes en familia”, explica James. Esa búsqueda de conexión profunda con la naturaleza ha generado estadías más largas, un mayor gasto en experiencias locales y un interés creciente por propuestas que integren descanso, emoción y aprendizaje cultural.
Alojamientos con propósito
Dormir en Costa Rica también es parte del viaje. El país cuenta con una amplia oferta de alojamientos sostenibles, desde lodges inmersos en la selva hasta hoteles boutique y resorts comprometidos con el entorno. Muchos de ellos cuentan con el Certificado de Sostenibilidad Turística (CST), un estándar que evalúa la gestión ambiental, social y empresarial de las empresas turísticas.
“El CST garantiza que el alojamiento, los tours y el transporte trabajen en línea con nuestra filosofía de sostenibilidad”, señala la vocera del ICT. Para el viajero colombiano, esto se traduce en experiencias coherentes, seguras y responsables, donde el confort convive con el respeto por la biodiversidad y las comunidades locales.

Gastronomía: volver a las raíces
La cocina costarricense también vive un momento de auge. El turismo gastronómico ha ganado protagonismo gracias a la autenticidad de sus sabores y al uso de productos locales y sostenibles. Platos tradicionales como el gallo pinto o el cazado se convierten en relatos comestibles que conectan al visitante con la historia y la identidad del país.
“Buscamos retomar las raíces de nuestra gastronomía tradicional y compartirlas con los visitantes”, explica James. Fincas orgánicas, tours gastronómicos y experiencias rurales permiten al viajero colombiano descubrir que la sostenibilidad también se saborea.
Comunidades que reciben, no solo atienden
Uno de los grandes diferenciales de Costa Rica es su modelo de turismo comunitario. Iniciativas de turismo rural permiten que familias campesinas e indígenas ofrezcan hospedaje, guianza, gastronomía y artesanías, recibiendo de manera directa los beneficios del turismo. Proyectos como el Sendero Camino de Costa Rica, en la cordillera de Talamanca, integran a comunidades indígenas que gestionan servicios turísticos y conservan su territorio.
“El dólar turístico se reparte de forma democrática en todas las regiones del país”, destaca James. Un modelo donde el visitante no solo observa, sino que participa activamente en el desarrollo local.
Conectividad y facilidad para viajar
La cercanía entre Colombia y Costa Rica se ha fortalecido gracias a la conectividad aérea. Hoy existen vuelos directos desde Bogotá y Medellín hacia San José, operados por Avianca y Wingo, además de conexiones vía Panamá con Copa Airlines. Esta oferta ha sido clave para el aumento sostenido de visitantes colombianos, facilitando viajes cortos, escapadas familiares o vacaciones más largas.

A nivel interno, el país trabaja en mejorar carreteras, accesos a zonas turísticas y servicios certificados, garantizando una experiencia fluida desde la llegada hasta el desplazamiento por el territorio.
Un destino que dialoga con Colombia
Colombia es hoy un mercado estratégico para Costa Rica. El ICT ha desarrollado alianzas con agencias, aerolíneas y marcas para posicionar al país como un destino de lujo sostenible y consciente, capaz de combinar naturaleza, diseño, cultura y bienestar. Acciones de promoción conjunta y experiencias segmentadas han permitido mostrar a Costa Rica como un país diverso, moderno y profundamente humano.
“Queremos que el viajero colombiano viva experiencias relevantes, accesibles y alineadas con sus intereses”, resume Heilyn James.
Costa Rica espera con volcanes, selvas, montañas, playas y comunidades que reciben al visitante con autenticidad. Un país donde la sostenibilidad se vive, la gastronomía cuenta historias y el viaje se convierte en una experiencia transformadora.
La invitación está hecha: descubrir Costa Rica no es solo conocer un destino, es reconectarse con la naturaleza, con la cultura y con una forma distinta de ver el mundo.
Por: Carlos Amaya – Periodista de Viajes



































