En Barú, donde el mar parece haber negociado con el sol un brillo exclusivo y los manglares dibujan un laberinto verde sobre el agua, el turismo vive una tensión silenciosa: crecer sin devorar aquello que lo hace posible. Allí, en ese equilibrio frágil, Decameron Barú decidió intervenir no con más infraestructura, sino con algo menos visible pero mucho más trascendental: cuidado.
Desde comienzos de este año, el hotel avanza con Huella Costera, un programa integral que combina conservación de biodiversidad, bienestar animal y educación comunitaria. No es un eslogan ambiental —es una hoja de ruta que, paso a paso, busca demostrar que un destino turístico puede prosperar sin poner en jaque a su entorno natural.
“Para nosotros, Huella Costera representa una oportunidad para seguir cuidando el entorno en el que operamos y aportar al bienestar de los animales y la comunidad local. Cada jornada de sensibilización o atención veterinaria refleja nuestro compromiso con un turismo respetuoso del ambiente”, asegura Angelina de la Espriella, gerente del Hotel Decameron Barú. Y en Barú, donde la vida acontece entre raíces de mangle, fauna silvestre curiosa y comunidades que aman su territorio, las acciones empiezan a sentirse.

Mapaches: los embajadores inesperados del proyecto
Uno de los puntos más llamativos del programa es la protección de los mapaches, habitantes habituales del entorno y protagonistas de más de una foto curiosa de los visitantes.
Pero detrás de esas imágenes simpáticas se escondía un riesgo: la alimentación inadecuada por parte de turistas. Por eso, Decameron y la comunidad lanzaron la campaña “No alimentar a los mapaches”. Ocho talleres, señalización estratégica y capacitación al 100% del personal y huéspedes lograron algo poco común: que aproximadamente el 80% de los visitantes se involucraran activamente en la iniciativa.
Los mapaches siguen apareciendo, claro. Pero ahora lo hacen más seguros y menos condicionados por la mano humana.
Bienestar animal: cuando el turismo también cuida a los de casa
En Playa Tranquila y Playa Puntilla, perros y gatos viven entre pescadores, vendedores, lancheros y turistas. Su bienestar es, muchas veces, un pendiente que no encuentra doliente.
Por eso, en alianza con la clínica Animal Lovers, DADIS y otras entidades, Decameron realizó una jornada que dejó huella real: 20 esterilizaciones y 35 atenciones veterinarias, incluyendo vacunación, desparasitación, kits postquirúrgicos y talleres de tenencia responsable.
Para quienes viven del turismo en estas playas, este tipo de acciones no solo alivian la carga económica: también mejoran la convivencia en un espacio donde animales y humanos comparten territorio.
Manglares: guardianes silenciosos del Caribe
No hay paisaje más subestimado que un manglar. Ni más importante. Protegen la costa, sirven de guardería marina y son el hogar de innumerables especies.
Huella Costera incluye acciones de monitoreo, restauración y reforestación con especies nativas, además del fortalecimiento en la gestión de residuos costeros.
El visitante quizá no lo note a simple vista, pero cada mangle recuperado es un pequeño triunfo para el ecosistema y un gran paso para el futuro de Barú.
Turismo, naturaleza y comunidad: un triángulo que puede funcionar
El programa cuenta con el respaldo de CARDIQUE, DADIS y organizaciones locales, lo que le da un enfoque participativo que no siempre acompaña a las iniciativas del sector hotelero.
Y es que un territorio como Barú, con sus desafíos ambientales y sociales, necesita justamente eso: proyectos que escuchen, eduquen y construyan en conjunto.
Huella Costera demuestra que el turismo no tiene por qué ser un visitante intruso. Puede ser un aliado. Un socio de la naturaleza y de quienes la habitan.
Y en tiempos en los que la sostenibilidad dejó de ser un adorno para convertirse en exigencia, iniciativas como esta marcan el camino: un turismo que deja huella, sí, pero una buena.



































