Hay cambios que el pasajero nunca ve. No aparecen en la ventana del avión, no suenan en los anuncios de cabina y muchas veces pasan desapercibidos entre el ruido de motores, equipajes y despegues. Sin embargo, son precisamente esas pequeñas decisiones invisibles las que hoy están redefiniendo el futuro de la aviación mundial.
Mientras millones de viajeros cruzan cielos de América Latina cada año, LATAM Airlines Group avanza silenciosamente en una transformación tecnológica y operacional que ya le permite evitar la emisión de más de un millón de toneladas de CO₂ anuales, una cifra equivalente a lo que generan aproximadamente 200 mil personas en el mundo.
La escena ocurre todos los días en distintos aeropuertos del continente. Un avión comienza a moverse lentamente hacia la pista. Los pasajeros apenas perciben el desplazamiento mientras acomodan sus maletas, observan la pista o revisan sus teléfonos. Lo que muchos no saben es que, en determinados casos, la aeronave ya está operando con una estrategia diseñada para reducir combustible, disminuir emisiones y hacer más eficiente el viaje.
Esa transformación forma parte de una serie de medidas que han convertido a LATAM en una de las cinco aerolíneas más sostenibles del planeta y la número uno de América, según el Corporate Sustainability Assessment 2025 de S&P Global.
“La sostenibilidad en la aviación no solo depende de grandes transformaciones, sino también de decisiones operacionales diarias que, sumadas, generan un impacto significativo. Muchas de estas medidas son invisibles para nuestros pasajeros, pero son clave para avanzar hacia una operación más eficiente y responsable”, explicó Stephano Gachet, líder del programa de eficiencia operacional del grupo LATAM.
La sostenibilidad aérea dejó hace tiempo de ser solamente una conversación sobre combustibles alternativos. Hoy también se construye a través de ingeniería, ciencia de datos, aerodinámica, reducción de peso y optimización operacional.
Uno de los ejemplos más sorprendentes nace directamente de la naturaleza.
LATAM avanza en la implementación de AeroSHARK, una innovadora tecnología inspirada en la piel del tiburón que busca reducir la resistencia aerodinámica de sus aeronaves Boeing 777-300ER. A simple vista el pasajero no notará ninguna diferencia, pero sobre la superficie del avión existen pequeñas protuberancias microscópicas que imitan las escamas del tiburón y ayudan a mejorar el flujo del aire alrededor del fuselaje.
La innovación ya permitió validar una disminución cercana al 1% en el consumo de combustible y, una vez implementada completamente en 2027, evitará hasta 12.000 toneladas de CO₂ al año.
Pero el cambio no ocurre únicamente en el aire.
En tierra, la aerolínea ha fortalecido la práctica conocida como Single Engine Taxi (SET), que permite que los aviones se desplacen utilizando un solo motor durante ciertos trayectos dentro del aeropuerto, siempre bajo estrictos protocolos de seguridad y operación. Esa decisión operacional, aparentemente simple, permite reducir más de 100 mil toneladas de CO₂ cada año y se ha convertido en una de las iniciativas de mayor impacto ambiental dentro de la compañía.
También el interior de las aeronaves comenzó a transformarse.
Los nuevos Airbus A320neo y A321neo incorporados desde octubre de 2025 cuentan con asientos de nueva generación que reducen entre 200 y 250 kilos por avión. Aunque pueda parecer una diferencia mínima, en la aviación cada kilo cuenta. Gracias a esta optimización, LATAM logra disminuir cerca de 5.000 toneladas de CO₂ anuales y generar ahorros cercanos a 1,5 millones de dólares, manteniendo intactos los estándares de comodidad y experiencia del pasajero.
La eficiencia también llegó a los sistemas de entretenimiento. Las antiguas pantallas superiores instaladas en algunos aviones de pasillo único comenzaron a desaparecer tras quedar obsoletas frente a las nuevas plataformas de entretenimiento personal. El retiro de estos equipos permite reducir peso innecesario y evitar aproximadamente 7.000 toneladas de CO₂ al año, además de representar ahorros superiores a 2 millones de dólares.
Todas estas acciones forman parte del programa Fuel Efficiency de LATAM, una estrategia integral que ya permitió mejorar la eficiencia operacional de la compañía en un 7%, evitando el consumo de más de 2,4 millones de barriles de combustible y la emisión de más de 6,5 millones de toneladas de CO₂.
La magnitud de esa cifra es impactante: equivale aproximadamente a todas las emisiones generadas por las operaciones aéreas de LATAM en Ecuador, Colombia y Chile durante un año completo, o lo que producen cerca de 1,3 millones de personas en el planeta.
En un mundo donde la industria aérea enfrenta el enorme desafío de crecer mientras reduce su impacto ambiental, LATAM busca demostrar que la innovación también puede encontrarse en los detalles más pequeños. Desde una superficie inspirada en tiburones hasta un asiento más liviano o un motor apagado durante el taxi, cada decisión suma en el camino hacia una aviación más eficiente y sostenible.
Porque hoy, mientras el viajero observa las nubes desde la ventana, existe toda una revolución silenciosa ocurriendo alrededor del avión. Una revolución que no busca únicamente conectar destinos, sino también proteger el cielo que hace posible cada viaje.
Por: Carlos Amaya – Periodista de Viajes



































