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500 años de Santa Marta, Marriott Playa Dormida se convierte en testigo y anfitrión del legado ancestral

Un homenaje vivo a la historia, cultura y naturaleza de La Perla de América

Santa Marta cumple 500 años y el Santa Marta Marriott Resort Playa Dormida se convierte en anfitrión del legado, la cultura y la naturaleza de una ciudad que lo ha visto todo.

Una ciudad no cumple 500 años todos los días. Y cuando lo hace, no basta con mirar atrás: hay que preguntarse qué permanece, qué se transforma y qué representa hoy ese pasado vivo. Santa Marta, la ciudad más antigua de Colombia y una de las más antiguas de América del Sur, llega a su medio milenio en 2025. Fundada por Rodrigo de Bastidas en 1525, esta joya del Caribe no solo celebra su edad: celebra su identidad, su resistencia y su papel como puente entre culturas, historias y paisajes.

Y en el corazón de esa celebración está el Santa Marta Marriott Resort Playa Dormida, que más que un hotel, se ha convertido en un guardián contemporáneo del alma samaria. Desde su apertura, la propiedad ha sabido integrar lo ancestral con lo moderno, lo espiritual con lo experiencial. ¿Puede un resort contar la historia de un pueblo? Aquí parece que sí.

Entre mochilas y poporos: ¿qué tan profundo se puede conectar un viajero?

Inspirado por las comunidades indígenas de la Sierra Nevada —Wiwas, Arhuacos, Koguis y Kankuamos—, el hotel no se limita a decorar con símbolos locales. Los incorpora con respeto. Las mochilas tejidas a mano, los poporos sagrados y los tutusomas de los arhuacos no son adornos, son mensajes. Incluso la construcción fue bendecida por un mamo, líder espiritual de la región, tras reubicar con cuidado un árbol sagrado que hoy permanece visible frente al restaurante Cayeye. ¿Qué otro lugar ofrece esta conexión tan íntima con las raíces culturales?

¿Cómo suena y sabe Santa Marta a los 500 años?

La celebración también se vive con los sentidos. El Santa Marta Marriott ha preparado una guía para invitar a los viajeros a descubrir la ciudad con ojos nuevos, pero con corazón samario. ¿Qué probar? Desde la sazón del bollo de yuca y el arroz con coco hasta la intensidad del cayeye, cada bocado habla del mar, de la tierra y de las historias que se han cocinado por siglos. Y como toda fiesta caribeña, esta comienza temprano, entre aromas, tambores y el vaivén de las olas.

¿Qué ver más allá de las postales?

La riqueza natural de Santa Marta parece infinita. Desde las selvas y playas del Parque Tayrona, hasta las montañas de Minca, con sus fincas cafeteras y miradores, pasando por la Reserva Natural Mamancana y el alma bohemia de Taganga, cada rincón ofrece una versión distinta de la aventura, del descanso o del encuentro con la naturaleza.

Pero también está el legado. El Centro Histórico, con su arquitectura colonial y vida nocturna vibrante, invita a perderse sin mapa. La Quinta de San Pedro Alejandrino, donde murió el Libertador Simón Bolívar, o la Catedral Basílica, la primera del continente, son testigos del paso del tiempo. ¿Cómo no detenerse también frente al Museo del Oro Tayrona, donde los hilos del pasado indígena se entretejen con el presente urbano?

¿Qué significa para un hotel celebrar 500 años?

“Celebrar los 500 años de Santa Marta es un honor y un privilegio”, afirma Tomás Ford, gerente general del hotel. “Esta ciudad no solo representa la historia viva de Colombia, sino también la calidez y resiliencia de su gente. En Santa Marta Marriott nos sentimos profundamente orgullosos de ser parte de este momento histórico y de ofrecer a nuestros huéspedes una experiencia que conecta con el legado, la cultura y la belleza única de este destino extraordinario”.

Más que un alojamiento, el hotel se ha propuesto ser parte activa de esta celebración histórica, reconociendo que el turismo responsable no consiste en mirar desde lejos, sino en acercarse con respeto, curiosidad y sensibilidad.

¿Puede una ciudad tener 500 años y seguir tan viva?

La respuesta es Santa Marta. Un lugar donde la montaña toca el mar, donde las culturas ancestrales coexisten con lo contemporáneo, donde el calor no solo viene del clima, sino también de la gente. Y donde un aniversario es solo una excusa para volver a descubrir su alma.

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