Durante años, quitarse los zapatos antes de pasar por los controles de seguridad en los aeropuertos de Estados Unidos fue una rutina tan arraigada como incómoda. Familias enteras descalzas sobre pisos fríos, adultos mayores tambaleándose mientras se quitaban lentamente sus zapatos, viajeros de negocios apurados cargando maletas y zapatos al mismo tiempo. Era un ritual impuesto tras el intento fallido de un atentado en 2001, que con el tiempo se volvió símbolo silencioso de una era marcada por el miedo, la vigilancia extrema y la incomodidad como parte del precio de viajar seguro.
Pero ese tiempo, al menos en parte, ha llegado a su fin.
Este martes, la secretaria del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), Kristi Noem, anunció el fin de esta exigencia para la mayoría de los viajeros. La nueva medida aplica de forma inmediata en todos los aeropuertos del país y pone punto final a una regla que, desde hace casi 20 años, afectaba a pasajeros de entre 12 y 75 años. Ahora, salvo excepciones, ya no será necesario quitarse los zapatos al pasar por el control de seguridad.
“No más descalzarse frente a extraños, no más apuros por volver a atarse los zapatos con una fila de impacientes detrás. La TSA ya no lo exigirá”, expresó Noem, señalando que un programa piloto reciente demostró que la Administración de Seguridad en el Transporte (TSA) dispone de tecnología suficiente para detectar amenazas sin recurrir a este protocolo.
Aunque la eliminación de esta medida puede parecer menor, para millones de viajeros representa un alivio concreto. No se trata solo de comodidad: se trata de dignidad, de facilitar la experiencia del viaje, de evitar momentos innecesariamente invasivos. Muchas personas mayores, padres con niños pequeños o personas con discapacidades encontraban en este trámite una verdadera barrera.
Con esta decisión, Estados Unidos se pone a tono con otros países que desde hace años han incorporado tecnologías más modernas para la detección de objetos peligrosos sin requerir que los pasajeros se desvistan parcialmente. Escáneres avanzados, inteligencia artificial y sistemas más eficientes han demostrado que se puede preservar la seguridad sin someter al pasajero a una sensación constante de sospecha.
“Es un paso hacia un modelo de seguridad más humano y más inteligente”, comentó un portavoz de la TSA, quien añadió que este cambio también busca reducir los tiempos de espera y el estrés en los puntos de control, especialmente durante temporadas de alta demanda.
Por supuesto, la eliminación de esta norma no significa que todos los controles desaparecerán. Los protocolos continúan vigentes en otros aspectos, y los agentes de seguridad seguirán teniendo la capacidad de realizar inspecciones adicionales si lo consideran necesario. Pero el mensaje es claro: la seguridad no tiene que estar reñida con la experiencia del pasajero.
Para muchos viajeros frecuentes, este anuncio tiene un matiz casi emocional. “Es extraño, pero quitarme los zapatos siempre me hacía sentir vulnerable, expuesto. Como si me quitaran una parte de mi autonomía. Este cambio me parece un gesto de respeto”, dijo Ana María Ríos, una colombiana residente en Nueva York que vuela varias veces al año por trabajo.
Y así, tras casi dos décadas, los pasillos de los aeropuertos estadounidenses verán menos pies descalzos y menos carreras apuradas para volver a calzarse antes de recoger las pertenencias. El cambio llega silenciosamente, pero no sin significado. Es, quizás, un pequeño paso hacia una forma de viajar menos temerosa y más consciente del ser humano que está detrás del pasajero.
Por: Carlos Amaya – Periodista de Viajes
