Hay viajes que se planean con mapas y otros que se sienten con la piel. En 2026, el mundo parece inclinarse hacia estos últimos. La brújula del viajero ha cambiado de norte: ya no apunta solo a ciudades vibrantes o monumentos icónicos, sino a esos lugares donde la naturaleza respira con fuerza propia, donde el silencio es profundo y el asombro irrumpe sin aviso. Así lo confirma el más reciente análisis de KAYAK, que dibuja un panorama donde el 60% de los viajeros priorizará destinos con maravillas naturales, convirtiendo cada travesía en una experiencia que no se puede replicar ni con filtros ni con pantallas.
El informe “What The Future 2026” revela una transformación íntima en la manera de viajar. Para el 35% de los viajeros, la motivación principal es ahora buscar experiencias que ericen la piel: ver ballenas romper el océano, presenciar la danza invisible de la bioluminiscencia o contemplar un cielo tan limpio que parece infinito. Este impulso, liderado por la Generación Z, ha llevado a que los viajes de naturaleza se posicionen entre sus cinco preferencias globales, mientras que en plataformas como TikTok el contenido relacionado con el asombro natural ha crecido un 20%, confirmando que el contacto con lo esencial vuelve a ocupar un lugar protagónico.

“Este año, el 60% de los viajeros priorizará las maravillas naturales al momento de planificar sus viajes. Este dato nos indica que los viajeros ya no solo buscan el destino por su oferta urbana, sino por fenómenos muy concretos que solo ocurren en ciertos rincones del planeta”, afirma Alejandro Lombana, Director Comercial de KAYAK para Colombia.
En el mapa de estas experiencias que quitan el aliento, los destinos se convierten en portales hacia lo extraordinario. Desde la aurora austral que ilumina los cielos de Punta Arenas y Ushuaia entre marzo y septiembre, hasta la bioluminiscencia que transforma las aguas de Bahía Mosquito en Puerto Rico durante todo el año. También aparecen fenómenos como el eclipse solar total que oscurecerá el norte de España el 12 de agosto de 2026, o la inesperada floración del desierto en Atacama, un milagro natural que ocurre entre marzo y octubre.
Pero entre todos estos escenarios, hay uno que vibra especialmente cerca para el viajero colombiano: la costa del Pacífico. Entre julio y octubre, lugares como Nuquí, Bahía Solano, Bahía Málaga y el Parque Nacional Natural Gorgona se convierten en el escenario de uno de los espectáculos más conmovedores del planeta: el avistamiento de ballenas. Allí, el océano no solo se observa, se escucha, se siente, se respira.
Y es que el viaje hacia estos santuarios naturales comienza mucho antes de llegar. Las grandes ciudades funcionan como puertas de entrada estratégicas, y en 2026 hacerlo será más accesible. Las búsquedas de vuelos desde Colombia hacia Zúrich crecieron un 30%, abriendo el camino hacia los “safaris de cielo oscuro” en Val Müstair, mientras que Medellín, punto de conexión hacia el Pacífico colombiano, registró un aumento del 21%. A esto se suma una buena noticia para el bolsillo: destinos como Buenos Aires presentan una caída del 15% en tarifas aéreas, mientras Medellín registra una disminución del 10%, facilitando el acceso a estas experiencias.
El ahorro no se detiene en el aire. En tierra, el hospedaje también se convierte en aliado del viajero consciente. Dormir en Ushuaia, puerta de entrada a la aurora austral, es un 7% más económico que el año anterior, con tarifas promedio de $422.867 por noche. En San Juan, ideal para explorar la bioluminiscencia, los precios bajaron un 10%, ubicándose en $1.171.388. Incluso destinos europeos como Berlín, cercano al Parque Natural de Westhavelland, ofrecen reducciones del 5%, mientras que Zúrich presenta un ahorro del 3%.
Sin embargo, una de las revelaciones más poderosas está en casa. En el Pacífico colombiano, en el departamento del Chocó, el viajero puede encontrarse con la majestuosidad de las ballenas por un promedio de $236.017 por noche. Una cifra que no solo representa accesibilidad, sino una invitación a redescubrir la riqueza natural del país con una mirada renovada.
Este 2026, viajar deja de ser una lista de destinos para convertirse en una colección de momentos irrepetibles. Es el año en que el mundo invita a detenerse, a mirar el cielo, a escuchar el mar, a dejarse sorprender. Porque, como lo revela KAYAK, el verdadero lujo ya no está en lo que se muestra, sino en lo que se siente.



































