Cuando agosto asoma en Medellín, el aire cambia. La ciudad se llena de color, los jardines parecen más vivos y en cada esquina se respira fiesta. Para muchos, la Feria de las Flores no es solo un evento cultural: es un motivo para regresar a casa, para descubrir una Colombia profunda, o para vivir por primera vez la esencia de lo que significa ser paisa.
Y este 2025, la fiesta ha llamado con fuerza no solo a los viajeros nacionales, sino también a turistas que vienen desde lejos. Según Viajes Falabella, México, Perú y Chile encabezan la lista de países que más viajeros están enviando a ‘la ciudad de la eterna primavera’. Junto con Brasil, Argentina y Ecuador, están protagonizando un crecimiento del turismo internacional que pocos eventos en el país logran generar.
“Tenemos un comportamiento de viajeros muy interesante. Las reservas desde ciudades como Bogotá superan el 65% y Cali aporta otro 20%, pero lo realmente llamativo es el volumen de turistas que llega desde otros países de Latinoamérica”, cuenta Daniel Figueroa, gerente comercial de Viajes Falabella Colombia.
La Feria de las Flores 2025 —que se celebrará del 1 al 10 de agosto— ya reporta un incremento del 150% en reservas aéreas frente al año anterior. Pero lo más revelador es el tipo de viajero que llega: 54% son parejas que quieren compartir algo más que fotos, y 27% son familias con hijos pequeños, interesados en una experiencia cercana, alegre y con alma.
Del asfalto al campo florido
No es casualidad que los planes más buscados incluyan escapadas a las montañas. Santa Elena, cuna de los silleteros, sigue siendo uno de los tesoros más valorados por quienes visitan Medellín en esta época. Allí, las flores no se venden: se cuentan, se cultivan con cariño y se cargan a la espalda con orgullo.
Uno de los recorridos más recomendados incluye el ascenso en metrocable hacia el Parque Arví, un pulmón verde que se extiende como un santuario sobre la ciudad. Desde lo alto, el contraste entre la urbe vibrante y el silencio del bosque es sobrecogedor. En la finca de una familia silletera, el visitante puede ver cómo una silleta cobra vida: flor por flor, historia por historia. Un refrigerio montañero y las anécdotas campesinas completan una experiencia que toca la raíz misma de la cultura paisa.
Un viaje para todos los sentidos
Pero no todo es nostalgia o tradición. La feria también es color urbano, arte espontáneo, música callejera. Por eso, quienes tienen menos días para explorar pueden optar por un recorrido que mezcla lo esencial de la ciudad: desde la Comuna 13, con sus graffitis y escaleras eléctricas, hasta el Pueblito Paisa o la Plaza Botero. Una especie de Medellín exprés que, sin embargo, deja una impresión duradera.
Y si el alma pide agua y montañas, Guatapé es la respuesta. Allí, entre zócalos de colores y el reflejo del cielo en el embalse, los turistas se enfrentan a la monumental Piedra del Peñol: 750 escalones que recompensan con una de las vistas más espectaculares del país. Subir no es obligatorio, pero quienes lo hacen rara vez se arrepienten.
No es un viaje, es una conexión
Viajes Falabella, que ha acompañado a miles de colombianos en sus vacaciones, ha diseñado estas experiencias como mucho más que productos turísticos. Son rutas emocionales, pensadas para que los viajeros se conecten con un país que no deja de florecer, incluso en medio de los desafíos.
“Más allá de vender boletos o paquetes, queremos que las personas vivan un viaje significativo, que entiendan por qué esta fiesta es tan especial para Medellín y para Colombia”, explican desde la agencia.
Con más de 110 eventos gratuitos, clima cálido, buena gastronomía y una mezcla única entre tradición rural y cultura urbana, la Feria de las Flores no es solo una excusa para visitar Medellín. Es, en realidad, un recordatorio de lo que somos capaces de celebrar cuando el país se une alrededor de algo tan simple —y tan poderoso— como una flor.
Por: Carlos Amaya – Periodista de Viajes
