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Costa Rica, donde la sostenibilidad no es un eslogan, sino una forma de vida

Hay destinos que se visitan por paisajes. Otros, por cultura. Pero hay lugares como Costa Rica, que se sienten. Porque aquí, cada árbol, cada sendero, cada sonrisa de su gente está impregnada de propósito. No es casualidad que este pequeño país centroamericano esté siendo observado —y aplaudido— por el mundo entero como modelo de turismo sostenible y conservación ambiental.

En un momento en que la industria del turismo global busca reinventarse con responsabilidad, Costa Rica no solo llegó primero: lo hizo con autenticidad. “La sostenibilidad no es una meta, es parte de nuestra identidad”, repiten desde el corazón del Instituto Costarricense de Turismo (ICT), y no es una frase bonita: es un compromiso tangible.

Una selva que volvió a nacer

En los años 80, Costa Rica enfrentaba una realidad ambiental crítica: su cobertura boscosa había caído al 21%. Pero en vez de resignarse, tomó una decisión valiente: restaurar lo perdido. Hoy, el 55% de su territorio está cubierto por bosques. El país alberga más de 150 áreas silvestres protegidas y 30 parques nacionales, convirtiéndose en un santuario natural que seduce a los viajeros conscientes.

Caminar por los senderos de Monteverde, sumergirse en las aguas termales de La Fortuna o avistar tortugas en Tortuguero es mucho más que una experiencia turística: es una conexión directa con la tierra, una lección viva de cómo el turismo puede ser herramienta de conservación, no de destrucción.

Turismo que transforma comunidades

Pero el impacto va más allá del entorno natural. En 2024, el turismo representó el 8,2% del PIB de Costa Rica y generó más de 180.000 empleos directos. ¿Cómo se logra que un sector económico crezca sin desbordar los límites del planeta? Con políticas coherentes, con mediciones que priorizan el bienestar sobre las cifras.

Aquí, no se habla solo de Producto Interno Bruto (PIB), sino también del Índice de Progreso Social (IPS). Porque en Costa Rica se entiende que el éxito turístico se mide también en acceso a salud, educación, equidad y calidad de vida para quienes habitan el destino.

Un país donde cada playa tiene conciencia

No sorprende que más de 140 playas tengan el reconocimiento de Bandera Azul Ecológica, una certificación que evalúa la limpieza, seguridad, sostenibilidad y accesibilidad. Y entre ellas, 15 han sido adaptadas especialmente para personas con discapacidad, porque en Costa Rica, el turismo también es inclusión.

“Cuando pensamos en sostenibilidad, no solo pensamos en árboles: pensamos en personas, en futuro, en equilibrio”, explican desde el ICT. Esa visión se fortalece con iniciativas como Futurismo, que promueve la innovación climática en el sector privado, o la participación activa en la Declaración de Glasgow y en la Iniciativa de Plásticos de la ONU, acciones que reafirman su compromiso con el planeta más allá de las palabras.

Un modelo que no compite, inspira

Por todo esto, Costa Rica no solo ha sido reconocida como Campeón de la Tierra por la ONU, sino que hoy lidera el Comité de Sostenibilidad de ONU Turismo. Y lo hace no para presumir, sino para compartir su experiencia. Porque si algo caracteriza al pueblo costarricense es que creen en el pura vida no como frase turística, sino como una filosofía de equilibrio, respeto y alegría.

Costa Rica es más que un destino. Es una lección viva de que otro turismo es posible. Uno que respeta, que cuida, que devuelve. Uno que, como este país, deja huella sin dejar rastro.

Por: Carlos Amaya – Periodista de Viajes

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