Por las calles empedradas de Zihuatanejo, se escucha cada vez más el inconfundible acento colombiano. Lo traen viajeros que, más allá del turismo de sol y playa, buscan alma, historia y una buena historia que contar. Y es que, en este rincón de Guerrero, donde los pescadores aún saludan al amanecer con la misma calma con la que echan las redes al mar, algo está pasando: Ixtapa-Zihuatanejo se ha convertido en uno de los secretos mejor guardados —y más queridos— para los viajeros colombianos.
La crónica comenzó mucho antes de las selfies y los hashtags. La escriben cada día los atardeceres anaranjados que caen sobre Playa La Ropa, recientemente coronada como una de las 10 mejores playas de México por TripAdvisor. Una costa tranquila, de olas suaves y arena tibia, que parece hecha a la medida de quien necesita desconectar del ruido del mundo.
Un paseo entre leyendas y mar

«Queríamos conectar la historia con el paisaje», nos dijo Pedro Castelán, director de la Oficina de Convenciones y Visitantes de Ixtapa Zihuatanejo, sobre el recién inaugurado Paseo del Capricho del Rey, un nuevo corredor peatonal que une Playa La Ropa con Playa Las Gatas, otra joya del Pacífico reconocida a nivel nacional.
Este paseo no es solo un sendero turístico. Es una puerta hacia el pasado, hacia la leyenda del emperador purépecha Caltzontzin, quien según se cuenta, mandó construir un rompeolas para que sus doncellas pudieran bañarse en calma. Hoy, una imponente estatua del rey observa desde lo alto a los caminantes, apoyado sobre figuras de tiburones gata que dan nombre a la playa.
Un destino que vibra más allá del mar
Pero no todo es arena y olas. Zihuatanejo ha sabido reinventarse como un destino cultural sin perder su esencia. El Partenón, aquella mansión legendaria construida por un personaje oscuro del México de los años 80, ha sido rescatada y transformada en un centro cultural. Su arquitectura extravagante ahora alberga exposiciones, conciertos y encuentros artísticos frente al mar. Ver caer el sol desde sus balcones mientras suena un violín o una marimba no es una postal turística: es una experiencia emocional.
«Queremos que el viajero viva algo más profundo», nos dijo Pedro Castelán. «Que no solo se lleve fotos, sino una conexión con la historia, la cultura y la hospitalidad de este lugar».
Colombia se siente en casa
La presencia colombiana no es casualidad. Desde Bogotá y Cali, cada vez más vuelos directos conectan con Ixtapa-Zihuatanejo. Y no es raro ver grupos de familias colombianas disfrutando de la playa, parejas celebrando bodas frente al mar o viajeros en solitario explorando los mercados de pescadores.
Muchos de ellos combinan el destino con rutas por Querétaro o Michoacán, enamorados de las ciudades coloniales y los recorridos por carretera. Pero Ixtapa-Zihuatanejo tiene algo especial: aquí encuentran ese equilibrio entre autenticidad y confort. Sin hoteles todo incluido que encierren al visitante, este lugar apuesta por lo que llaman “hoteles con encanto”: pequeños refugios frente al mar donde cada ventana parece contar su propia historia.
Tres joyas imperdibles
- Playa La Ropa: una de las playas más bellas y tranquilas del país, ideal para nadar, relajarse y ver el sol hundirse con parsimonia en el Pacífico.
- El Partenón: arte, historia y cultura se encuentran en este centro cultural único, cargado de memorias y nuevas expresiones.
- La Isla de Ixtapa: a solo 10 minutos de Playa Linda, esta isla ofrece cuatro playas diferentes, snorkel, gastronomía local y una escapada que parece de otro mundo.
Una invitación con alma
Ixtapa-Zihuatanejo no grita su grandeza. Sus encantos no se venden en paquetes turísticos ni se anuncian con fuegos artificiales. Se descubren caminando por sus calles, escuchando a un pescador contar historias o compartiendo un ceviche al borde del mar con un nuevo amigo colombiano.
Si estás en Colombia y sueñas con un lugar que no solo sea hermoso, sino que te abrace como si ya hubieras estado allí antes, considera esta crónica como una invitación personal.
Aquí, entre palmeras, folclor y el sabor a mar, el alma colombiana ha encontrado un segundo hogar.
Por: Carlos Amaya – Periodista de Viajes