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La Cabrera crece en Colombia y elige la Zona T para su nueva apertura

Hay lecturas que despiertan curiosidad. Y hay otras —como hablar de La Cabrera— que despiertan hambre real. Porque este no es un restaurante al que se llega por casualidad: se llega buscando el punto exacto de la carne, el aroma que anuncia la parrilla encendida y ese momento en el que el cuchillo se desliza sin resistencia sobre un corte perfectamente sellado.

Con su próxima apertura en la Zona T de Bogotá, La Cabrera reafirma su lugar como una de las casas de carnes argentinas más respetadas del mundo y propone algo cada vez más valioso en la escena gastronómica local: una experiencia que se saborea desde que llega el plato a la mesa.

Un bife chorizo que se recuerda incluso después del último bocado

El ritual suele empezar así: el bife chorizo llega humeante, con un dorado impecable por fuera y un interior jugoso que se revela apenas se hace el primer corte. La carne —proveniente de razas seleccionadas como Hereford o Aberdeen Angus— conserva su jugo, su textura sedosa y ese sabor profundo que solo se logra cuando el fuego se domina con respeto.

No llega solo. Lo acompañan pequeñas guarniciones servidas en cazuelas, una marca registrada de La Cabrera, que invitan a probar, combinar y repetir. Cada bocado es un equilibrio entre potencia y delicadeza, entre tradición y precisión.

El asado de tira: tiempo, fuego y paciencia

Si hay un plato que resume la esencia del Río de la Plata, es el asado de tira. En La Cabrera, se presenta con una cocción lenta y cuidadosa, que permite que la grasa se funda lentamente y perfume la carne. El resultado es un corte tierno, intenso, con capas de sabor que se despliegan una tras otra.

Aquí no hay atajos. El tiempo es un ingrediente más, y se siente.

Entradas que preparan el paladar (y la emoción)

Antes de la parrilla, el fuego ya empieza a contar su historia. La provoleta, burbujeante y dorada, llega al centro de la mesa como una invitación compartida. Los chinchulines, crocantes por fuera y suaves por dentro, y las empanadas, jugosas y bien selladas, despiertan el apetito y anticipan lo que está por venir.

Cada entrada tiene carácter. Ninguna es decorativa.

Una experiencia que se construye con todos los sentidos

En La Cabrera, comer es un acto completo. El aroma de la parrilla, el sonido del plato al posarse en la mesa, la textura de la carne al cortarse y el ritmo pausado del servicio construyen una experiencia que invita a quedarse, a conversar, a disfrutar sin mirar el reloj.

Detrás de esta propuesta está Gastón Riveira, cocinero y fundador, quien hace más de 20 años decidió convertir su amor por la gastronomía en un concepto que hoy tiene presencia en siete países y que en Colombia ya cuenta con sedes en Bogotá y Cartagena, con una tercera en camino en la Zona T.

“Siempre quise que La Cabrera fuera un homenaje a la mesa argentina: abundante, honesta y emocional”, ha expresado Riveira. Y esa intención se percibe en cada plato que sale de la parrilla.

Una ventaja competitiva que se saborea

En una ciudad con una oferta gastronómica diversa y exigente, La Cabrera se diferencia por su consistencia, la calidad de su producto y la forma en que transforma una comida en un recuerdo. No es solo carne bien hecha; es experiencia, ritual y emoción.

La próxima apertura en la Zona T promete convertirse en un nuevo punto de encuentro para quienes buscan celebrar alrededor del fuego y dejarse llevar por sabores que no necesitan presentación.

Porque hay lugares que se visitan. Y otros, como La Cabrera, que se antojan.

Por: Carlos Amaya – Periodista de Viajes

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